.Maldigo a todos esos locos que quieren gobernar la vida sin la palabra del poeta y sin la mano del artista.
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lunes, 27 de mayo de 2013

Marivicio en la utopía -cap.3

Y se creció el Sol.
Fue alzándose, poquito a poco, con la mínima prisa, como siempre. No ha conseguido encontrar a Marivicio en su casa, ni en el trabajo, ni en la calle, ni en los bares, en ningún lado, hasta que le pareció ver el brillo esperanzado de sus ojos através de una ventanilla de avión mientras penetraba, con decisión, en una gran tormenta eléctrica.

Todo lo que sube vuelve a bajar. Todas las salidas acaban volviendo a casa. Como no, el Sol no iba a ser menos. Hoy se acuesta pensando en que mañana se despertará y verá a Marivicio rehaciendo su vida con quién siempre ha querido, pero a veces al destino le gusta jugar con simples mortales como él. Lo único que ha podido ver esta vez son cadáveres dejándose llevar por el ritmo del mar. Aunque a lo lejos, en un montículo de tierra no más grande que un campo de fútbol, ve algo. Ve a una persona que no se puede creer que haya acabado ahí. Es Marivicio.

-Qué increible es todo esto... ¡Conforme quiero acercarme más a la felicidad, me van pasando cosas malas! ¿Y ahora qué? ¿Cómo salgo de aquí? ¿Vendrá alguien a rescatarme?

El pobre Marivicio ahí queda, en una isla quién sabe si desierta, preocupándose de cómo salir en vez de ocuparse en salir... Como habría cambiado su vida si en vez de preocuparse por el qué pasará si le dice algo a Victoria sobre sus sentimientos, se hubiera ocupado de sus sentimientos hacia ella. Sin ir más lejos, probablemente ahora mismo no estaría en una isla.

-¡Ya no tiene sentido darle más vueltas! El pasado poco me importa, en la situación en la que estoy solo me recuerda a cosas que pude hacer y no hice o que directamente me arrepiento de haberlas cometido o no. Y si ahora mismo, en mi presente, no me ocupo de salir de aquí... ¿Para qué me iba a preocupar, si me quedaría sin futuro?

Parece que ese discurso que ha soltado medio llorando y medio riendo han cabreado más a las; si no las mismas, parecidas, nubes que habían derribado el avión en el que viajaba Marivicio. Él, sabiendo que solo depende de si mismo para salir de ahí y que tiene todo el tiempo del mundo para demostrarlo, buscó un sitio seco dónde sentarse. Y se sentó.

viernes, 24 de mayo de 2013

Marivicio en la utopía -cap. 2

De nuevo el Sol se alza otro día más sobre los cielos. Nadie sabe por qué todos los días pasa por el mismo camino y a la misma hora. Se dice que una vez pasó por ahí la Luna, y desde entonces sigue ese camino con la esperanza de poder verla aunque sea una vez más... No sabe lo difícil que lo tiene.

Marivicio ya no reconoce lo que es el día o la noche. Tras la muerte de su madre, se pasa noches enteritas llorando, y días siendo un vegetal entre sueño y sueño en la cama, en el sofá, en la mesa... Donde mejor le pille.
No sabe cuánto tiempo ha pasado. Ni si quiera nosotros podemos saberlo. Ha pasado el tiempo justo para que Marivicio recibiese una sustanciosa herencia y su vecina Victoria de un giro a su vida, y ya de paso a la vida de Marivicio.

-¿Cómo estás? Te noto mejor cara -Le dijo un día Victoria a Marivicio con la esperanza de poder mantener una buena conversación con él y contarle algo importante.

Marivicio, que ya estaba muy harto de las conversaciones convencionales le respondió:
-Ni nunca he estado tan mal, ni nunca he estado tan bien. Mi vida es una historia triste, pero no la que más, y eso es lo que más pena me da.

-¡Ya basta! -Victoria se cansaba del pesimismo permanente de Marivicio. -He venido a decirte una cosa, he encontrado un trabajo en Argentina y me marcho ahí a vivir en una semana. Cuando decidas salir de este estado en el que estás, mi casa está ahí, podrás pasar a despedirte.

Ella piensa que está haciendo bien en ser tan duro con él, lo que no sabe es que lo está hundiendo más y más.

Definitivamente para Marivicio dejaron de existir los días y las noches. Ya no existía el tiempo para él. Pero para el resto de las personas sí. El tiempo se puso sus zapatos de deporte y empezó a correr. Adelantó, casi sin inmutarse, minutos, horas, días, semanas, meses... Marivicio mientras tanto no salía de su casa. Para él no había tiempo. Lo mismo estaba dos días con sus dos noches sin dormir, que estaba tres días y tres noches durmiendo. Un descontrol de horario. El tiempo que estaba despierto se lo pasaba tan solo describiendo lo que hacía en ese mismo momento. Como ahora mismo que está barriendo su casa:
-A ver, un poquito más por aquí. Movimiento de brazo, esa es la clave. Un, dos, un, dos... Voy a dejar la casa limpísima.

Y un día cualquiera, viendo que no podía espantar más tiempo a sus fantasmas, decidió ir a un bar de su barrio. Tomarse una cerveza, escuchar música, conversar con alguien son cosas que en ese estado tan depresivo le vendrían muy bien.

En el bar se encontró a unos viejos conocidos del instituto, y empezaron a invitarse entre ellos. Todos los que compartían mesa con él reían a carcajadas, todos menos él. A uno se le ocurrió preguntar que le pasaba, y Marivicio, que ya iba un poco entonado por tanta cerveza, lo contó sin ningún problema.

-Tio, lo que debes es ir a Argentina y declararte. Tienes pasta de sobra, y además no puedes pasarte el resto de tu vida así. -Dijo uno de sus conocidos.

-¡Que va! Imaginate que va y no consigue nada, solo lo hundiría más y más. Quédate aquí, buscate otro trabajo y otra mujer. Nunca es tarde para rehacer tu vida. -El resto de la mesa estaba de acuerdo con este último.

Cuando todos se marcharon, Marivicio se quedó reflexionando un poco sobre que hacer.
-¿Por qué nadie ha apoyado al riesgo? ¿Qué serían capaces de hacer ellos en situaciones como estás? Creo que nada... En realidad ellos solo viven para morir. No buscan lo que quieren y además, por ser mayoría, se respaldan los unos a los otros y al final nadie hace nada. No sé quién tiene la razón, no sé que debo de hacer... Pero sí sé lo que haré, escucharé a la minoría y le haré caso. ¿Qué dice la minoría? ¿Qué vaya a Argentina? Pues iré. Tengo dinero de sobra. Pero me iré ya mismo, asi no tendré tiempo de meditarlo más detenidamente.

martes, 21 de mayo de 2013

Marivicio en la utopía -cap.1

El hombre es el único animal que se cree capaz de predecir el futuro. Deja que su atormentado pasado le afecte a su presente preguntándose por el futuro; ¿Qué pasará si..? ¿Y si cuando vaya a...? Preguntas que por mucho que te hagas e intentes darles solución, no se resolveran hasta que ese momento por el cual te pre-ocupas se tropiece con el presente.

Quien es un despreocupado desde siempre es el Sol. Ahí está, asomándose entre las montañas como cada mañana. Despertando a los trabajadores, mandando a los borrachos a sus casas. A él le da igual lo que esté por venir. Él no piensa qué pasará si dentro de dos semanas las nubes lo taparán impidiéndole ver así el día a día de los terricolas. Simplemente, cuando lo tapan, busca un resquicio entre las nubes para asomarse y si no lo dejan, ya verá que hará para hacer llorar a las nubes.

Marivicio se ha despertado. La vida del Sol no es muy divertida, y para entretenerse llama con sus rayos a las ventanas de las personas más madrugadoras. Pese a que la vida del Sol no es muy divertida, Marivicio le tiene envidia. Él desea una vida como la del Sol, una vida en la que hasta arrancar las hojas del calendario, tachando día a día, fuese rutina, que lo más innovador fuese conseguir dicho calendario. Pero no, en su vida solo hay sorpresas. Toda su vida transcurrió con normalidad hasta los 18 años, justo unos días antes de la prueba de selectividad sus padres tuvieron un accidente de coche. Desafortunadamente su padre murió, su madre se salvó pero estuvo condenada a no poder moverse más el resto de su vida. Marivicio, que era hijo único, se vió con la responsabilidad de cuidar de su madre. Buscó un trabajo y se olvidó de los estudios. Y así pasaron los años.

Una mañana se despertó y ya tenía treinta y pico años ¿Qué importa cuantos exactamente? Era domingo, no tenía que ir a trabajar así que Marivicio decidió pasarse el día relajado, sin ninguna alteración, pero como no, la vida que es la amante más caprichosa, decidió poner en su puerta a su vecina Victoria, que era de su misma edad... Más o menos.

-Hola vecino, no hay luz en mi casa y me preguntaba si era un problema de mi casa o afectaba a todo el vecindario.

Ella, pese a que se conocían de toda la vida y sabía que él siempre ha estado enamorado de ella, le hablaba de una forma muy seca desde lo del accidente. Sabe que Marivicio no volvió a ser el mismo desde el accidente de sus padres.

-En mi casa va todo perfectamente, espera -le respondió Marivicio mientras buscaba algo en sus bolsillos- vamos a llamar a la compañía, a ver que pasa. ¿No son los plomos, no?

-¿Te crees que si fueran los plomos estaría pediendote ayuda? -Le contestó de una forma algo borde.

-¡Mamá! ¿Has visto mi móvil por ahí? -Nadie le contestaba- ¡MAMÁ!

La preocupación de Marivicio aumantaba por cada vez que llamaba a su madre y nadie contestaba.

...

Un llanto desconsolado atravesó la habitación de la madre de Marivicio y salió disparado hacia los cielos... Quizás, ya que él en persona no podía despedirse, sus lágrimas y palabras si pudieran.